Durante los últimos
dos siglos hemos podido observar el surgimiento de varias crisis económicas y
la cantidad de estrategias que se han seguido para intentar salir de ellas. El mundo de la
publicidad ha sido clave en estos aspectos, acompañado siempre de las diferentes
medidas impulsoras para reactivar la economía y, sin duda, la
obsolescencia programada ha sido una herramienta fundamental para llevar a cabo
ese incentivo económico-consumista.
Como podemos ver en el
documental “Comprar, tirar, comprar”, esta táctica consiste en la reducción deliberada de la vida
de un producto y obliga, por tanto, a incentivar el consumo; en
este aspecto, la publicidad ayuda a que ese proceso se lleve a cabo. Sin esta
manipulación en los productos, el consumo, conocido como tal a día de hoy, decaería
de manera constante de forma que la función de la publicidad sería totalmente innecesaria
y prescindible: de nada sirve publicitar sobre un producto si nadie va a comprarlo
debido a que ya tienen uno que nunca va a fallar.
La obsolescencia programada puede verse desde
diferentes perspectivas: resulta necesaria para que el actual modelo económico
pueda mantenerse en equilibro y, por otro lado, resulta un atentado contra la
libertad de las personas contra el medio ambiente. A partir de esta
segunda premisa podemos destacar que la sociedad se ve
involucrada y, en cierta manera, obligada a consumir constantemente: si programan
algo para que falle, nos obligan a re-comprar de nuevo, puesto que un arreglo
del producto puede llegar a ser más caro que adquirirlo nuevo.
Sin embargo, bien es
cierto que el término de la obsolescencia programada está evocado a su
desaparición. En las últimas décadas nos hemos visto envueltos en una espiral
de consumo constante. Muchas veces, ya no cambiamos un producto porque se ha
roto, sino porque ha salido un modelo nuevo: un hecho que ocurre, actualmente,
con los teléfonos móviles. Esto sucede por las preferencias consumistas
de los individuos —es decir, el comprar por comprar— y, también, en muchas
ocasiones, nos vemos influidos por la publicidad dónde muchas compañías nos
seducen con eslóganes tales como: si eres de Vodafone podrás cambiar de móvil cada año.
Otro gran ejemplo
sería un caso dado por la archiconocida compañía Apple. conocida por tener un público totalmente
fiel a la empresa, ha desarrollado una estrategia empresarial perfecta:
sacar nuevos modelos de sus productos todos los años. Así fomentan el consumo
constantemente; de hecho, en enero de 2012, Applecomunica que ha vendido más de 37 millones de iPhone 4S en tan solo 4 meses.
De esta manera, el concepto de obsolescencia programada
queda relegado a un segundo puesto y se impone el consumo en su máximo exponente. Si bien es cierto que
no es aplicable en todos los ámbitos, si supone un punto a favor para productos
de moda.
Es cierto que el
problema que plantea la obsolescencia persiste y así seguirá
siendo: se pueden hacer productos que duren para siempre, pero no es rentable y, por
tanto, no hay solución alguna que interese implementar. Si se cambia la
situación actual es una economía global la que está en juego:
muchos puestos de trabajo, empresas en quiebra y una economía nada
positiva. Si la situación se mantiene: la libertad de las
personas en el ámbito económico seguirá sufriendo la situación precaria que sigue
vigente; por otro lado, el medio ambiente dará lugar a una serie de consecuencias
irrevocables.





