A lo largo del tiempo hemos podido observar cómo ha
evolucionado el sector publicitario y cómo han ido cambiando las diferentes
estrategias desde sus comienzos. El mundo de la comunicación persuasiva se ha servido de la
utilización de técnicas como la simple imagen de la marca, el enigma o suspense,
la utilización de un aroma como identidad o hasta, por ejemplo, de la
publicidad subliminal.
Todas las estrategias que se llevan a cabo para la elaboración de
mensajes publicitarios intentan fomentar el consumo de un producto o servicio
con la finalidad de obtener beneficios; por ello, se invierte una determinada
cantidad de dinero para sacar una campaña adelante y poder captar la atención
de multitud de consumidores. Este es el gran logro de la publicidad: la motivación
del público hacia una acción de consumo.
Pero sin duda, hoy, podemos hablar de lo que es el gran
éxito publicitario: que el propio consumidor sea el que pague por llevar
publicidad.
La forma normal de funcionamiento del sistema publicitario
consiste en el pago por parte de la marca que se quiere anunciar para dar a
conocer sus productos. Sin embargo, es curioso hasta que punto algunas marcas
han llegado a alcanzar tanta fama que hasta los propios consumidores se hacen
cargo en cierta forma de dar publicidad a los productos que les gustan,
ayudando, así, a realizar una mayor campaña para las empresas; lo que significa
la inversión del modelo normal del funcionamiento del sistema publicitario: vender
publicidad. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en marcas tan famosas cómo la
empresa automovilística Ferrari,
la cadena de restaurantes Hard RockCafe o la franquicia de discotecas Pacha,
que aunque realizan sus propias campañas, cuentan con tiendas que ofrecen al
público determinados productos con el logotipo de su propia marca, fomentando
la compra de publicidad por los propios consumidores.


